LOGS nació de una pregunta que parece simple pero nadie se hace: ¿cómo debería ser un lugar al que realmente quieras volver?
No alcanzaba con buena comida—aunque sí, cada hamburguesa, cada sandwich y cada trago pasaron por decenas de pruebas hasta dar con su punto exacto. La respuesta estaba en todo lo demás también. En las cosas que normalmente nadie piensa.
Las salsas, por ejemplo. Buscamos ese picante que funciona para la mayoría: presente pero no agresivo. (Y si querés más, el tabasco siempre está en la mesa, no hace falta pedirlo.) La de frutos rojos la colamos para sacarle las semillas. ¿Innecesario? Probablemente. ¿Se nota? También.
Y cuando algo no funcionaba, lo cambiábamos. El pan se humedecía con las salsas en las primeras versiones. Lo escuchamos, lo ajustamos. Cada comentario fue una excusa para mejorar algo.
También nos importaba que las opciones vegetarianas y veganas tuvieran el mismo protagonismo. Por eso incluimos varias NotBurgers de parrilla—una hecha completamente de hongos—y sandwiches de vegetales pensados en serio. Con el mismo cuidado que todo lo demás.
Pero LOGS no es solo el menú.
Son las sillas donde podés estar horas sin que tu espalda te lo reproche. Los enchufes distribuidos por todos lados para que puedas trabajar, estudiar o quedarte el tiempo que quieras. Los lockers para que no tengas que cargar todo a cuestas. Las servilletas que absorben de verdad.
Cosas chicas, quizás. Pero son las que hacen que quieras quedarte.
LOGS es eso: cada detalle pensado desde el otro lado del mostrador.
Un lugar hecho desde el comensal, para el comensal.